
El presidente de la Nación, Javier Milei, ratificó el rumbo de la apertura comercial irrestricta durante su disertación en el evento Argentina Week en Nueva York. Ante un auditorio de 400 inversores y referentes del sector financiero, el mandatario defendió la eliminación de barreras a las importaciones. Milei sostuvo que la desaparición de empresas en sectores carentes de competitividad internacional es una etapa necesaria del reacomodamiento macroeconómico. El jefe de Estado argumentó que los recursos liberados permitirán a los ciudadanos ahorrar y consumir otros bienes dentro del sistema productivo.
La exposición oficial abordó de forma directa la caída del empleo en el sector manufacturero tradicional. El presidente afirmó que los puestos de trabajo destruidos en la industria protegida se generarán nuevamente en sectores más eficientes. Esta visión de «destrucción creativa» forma parte de la estrategia para desregular la economía argentina y atraer capitales extranjeros. El mandatario vinculó la liberalización del comercio con una mejora proyectada en los salarios reales a largo plazo. Según su análisis, la competencia externa obliga a una reasignación de capital hacia actividades con ventajas comparativas naturales o tecnológicas.
Dura respuesta de la UIA y malestar en el sector industrial
Las declaraciones del presidente generaron un impacto inmediato en Buenos Aires. La Unión Industrial Argentina (UIA) emitió un comunicado donde expresó su «profundo malestar y preocupación» por las descalificaciones del mandatario. La central fabril, encabezada por Martín Rappallini, calificó de «injustos e infundados» los agravios hacia quienes producen e invierten en el país. Desde la entidad subrayaron que no existe ninguna denuncia ni delito que involucre a los sectores atacados. La UIA recordó que la industria genera el 19% del PBI y emplea a más de 1.200.000 personas de forma directa.
En el mismo sentido, organizaciones de Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs) cruzaron al jefe de Estado bajo la consigna «sin industria no hay futuro». Los dirigentes sectoriales advirtieron que la apertura indiscriminada ocurre en un contexto de asimetrías impositivas y de costos financieros que impiden competir en igualdad de condiciones. Según estimaciones privadas citadas por la industria, aproximadamente 20.000 empresas se vieron obligadas a cerrar sus puertas en los últimos dos años. Para las cámaras industriales, el discurso oficial ignora el capital social construido por empresarios y trabajadores durante décadas.
Javier Milei, sin embargo, mantuvo sus críticas hacia los empresarios industriales que solicitan medidas de resguardo. El mandatario acusó a referentes de grandes grupos económicos, como los titulares de Techint y Aluar, de haber sostenido un sistema de privilegios ligado al poder político. En su intervención, señaló que el modelo de sustitución de importaciones solo generó prebendas para un sector reducido a costa de los consumidores. El presidente enfatizó que su administración no cederá ante las presiones de los sectores que denominó como «buscadores de renta».
Para profundizar este esquema, el Poder Ejecutivo enviará un nuevo paquete de reformas regulatorias al Congreso de la Nación. El objetivo de estas leyes es eliminar las trabas burocráticas que aún persisten en la Aduana y en los registros de importación. Milei reiteró ante los banqueros de Wall Street que Argentina busca convertirse en el país más libre del mundo en términos económicos. Mientras la industria advierte sobre una desindustrialización acelerada, el gobierno confía en que los sectores extractivos y de servicios tecnológicos compensarán la balanza comercial y el mercado laboral.
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